
Nada me daría más miedo que un mundo creado por un niño.
No habría dónde sentarse.
El sol brillaría con manifiesta intensidad las veinticuatro horas del día.
No existiría el otoño. Y todo sería liso, hasta el mar. Sin horizonte.
Nadie tendría conciencia del paso del tiempo y de la muerte. Nada daría fruto.
La vida sería un juego. La muerte sería de mentira, y se comandaría desde una play station.
Quizás, un mundo sin escuela, sin noche y sin dentista, podría ser hermoso. Pero.
Cualquier berrinche, cualquier capricho, o el más inocente de los olvidos, podría precipitarnos al vacío desde el margen de la hoja, como si nunca hubiéramos existido.
Garabatos de un pequeño dios que no sabe que se equivoca.
Y que no tiene quién lo abrace.

4 comentarios:
¡Hola, SISIFA, amiga! Me alegro de volver a leerte. Apareces tras un largo invierno como la primera flor que anuncia la entrada de la primavera.Tu escrito es una obra de arte, y al mismo tiempo puede interpretarse como metáfora: no deja de recordarme que en más de una ocasión el mundo se ha visto trasnformado en un mapa o dibujo en que un niño caprichoso y soberbio trazaba sus incontrolados y terribles trazos y ha estado a punto de echarnos fuera de la hoja.
Te echaba en falta, espero leerte más amenudo. Un beso enorme.
No, Juan, tu cariño, tu amistad y tu corazón son una obra de arte. Besos sisifianos.
El sol y la luna tendrían una gran sonrisa, hasta las nubes y los árboles tendrían ojos para mirar a quien le mira. Ellos le ponen ojos a todo :-) Pero sí, lloran por casi nada, y lo hacen con una intensidad que asusta.
Me abrazo a tu regreso, y te dejo otra vez, volver a ti misma.
Un beso.
Ya sabés que mi aporte es la visión desoladora del mundo y de la vida. Gracias por quererme a pesar. Yo a vos, inmensamente.
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